viernes, 30 de julio de 2010

PAJAS AJENAS


Vale. Ven ahora. Vacías y te largas, me parece bien.
Total, te debo unos cuantos, así que te la chuparé como si en ello me fuese la vida, y cuando te hayas corrido tendrás que quitarme dos puntos de la deuda orgásmica que tengo contigo porque te haré una gran mamada, de las que cuesta olvidar.
Vas a encontrarte a alguien que se acaba de duchar, limpia, sin maquillaje, sin apenas ropa, descalza... pero eso no tiene importancia, tú sólo quieres un drenaje, así que no vas a pedirme tacones, ni rimmel, ni nada. No tardes. Tengo sueño y quiero estar despejada cuando llegues.

Pasa. No te cortes. No es necesario que me beses ni que intentes ser cortés conmigo, pero me gusta que me metas mano nada más cerrar la puerta, sin perder ni un segundo. ¡Qué bien hueles!. Me estimulan los olores. Olfato y tacto los dos sentidos que me capacitan o me paralizan para acercarme a alguien. Hueles bien y eres suave. Me gusta. Será fácil que te la chupe sin importarme la recompensa. Escoge el sitio, siéntate o túmbate o... Bien, el sofá es perfecto. Te desabrocho el cinturón, luego el pantalón, bajo un poco la goma del slip y voilà... una bonita verga asoma. Sabes que me gusta tu polla, y la tengo delante intentado desperezarse. La tomo entre mis manos como si fuese un regalo y mis labios se apresuran a rozarla levemente, como tomándole la temperatura. Beso el capullo y paso mi lengua por el frenillo mientras con la mano masajeo el tronco, se endurece, ahora está tensa, desafiante, aguantando en una vertical perfecta.

Decido que es mejor quitarte la ropa, tus pantalones hacen de barrera y prefiero estar más cerca. Fuera zapatos, fuera pantalón, fuera gayumbos... y te dejas hacer colaborando en cada movimiento de caderas, excitado, temblando a cada roce, con todo el vello erizado. Y ahí está ella, poderosa, moviéndose como una serpiente, caliente, pidiéndome a gritos que la cobije en mi boca. Separo tus piernas y en cuclillas empiezo a lamerla. Abro mis labios y se deliza por mi boca, por mi garganta con cada succión y noto, mientras voy pasando mi lengua, los latidos de tu corazón en la punta de la polla.

Ahora me doy cuenta que tengo tus dedos metidos en mi coño, estoy tan entregada al hombrecito de un solo ojo que no he caído en que me estás masturbando, que has apartado la goma del culotte y que has introducido tus dedos con sigilo. Sigo con lo mío, aunque prefiero abrir un poco las piernas para que puedas tocarme mejor y arrancarme unos cuantos gemidos. Lamo una y otra vez ese tronco maravilloso, con las venas inflamadas, tragándome cada milímetro de esa pieza, recreándome en ese glande que empieza a supurar. Me aguantas la cabeza intentando marcar el ritmo, retrasando tu orgasmo, y me diriges hacia los huevos. Los beso, y empiezo a chuparlos uno a uno, pasando la lengua por el perineo. Noto como intentas frenar el estallido. Me apartas y me pides que me tumbe reclinando la cabeza en el reposabrazos. Abro la boca y me la metes hasta la campanilla. Te mueves rápido para luego desacelerar, entras y sales embistiendo con fuerza. Está tan dura que choca en el paladar y vas dejando gotitas en mi lengua. Paras un segundo, sin sacarla, para preguntarme si puedes follarme la boca. Asiento con los ojos. Dos movimientos secos y te corres casi directamente en mi estómago. Te flojean las piernas pero te quedas de pie, dejando que te la chupe y la voy sacando suavemente con cuidado.

¡Qué calor hace! Bebo un par de tragos de cerveza, te ofrezco una pero prefieres beber de la mía. Te quedas desnudo, sentado a mi lado, acariciando mis piernas, mi vientre, sin decir nada. Pasados unos minutos, te vistes, me besas, me das las gracias y te vas mientras comentas que no vas a quitarme dos puntos de la deuda, sino tres.

lunes, 26 de julio de 2010

Sevilla

Este fin de semana he estado en Sevilla, otra vez. Y mil veces más volvería, aunque el calor me fundiera el cerebro y me licuara por dentro dejando un charquito de mi a cada paso, evaporada hasta quedar en nada. He estado a punto, que conste: 45 grados a la sombra y subiendo ... pero los paso con gusto y arrojo porque esta ciudad me enamora los sentidos de tal manera que cada vez que marcho pienso “en cuanto llegue a casa me busco un vuelo barato para volver cuanto antes”.


La cuestión es que han sido dos noches de tapas, cervecitas heladas y mucho barrio de Santa Cruz. Ya sé que pensareis que todas mis salidas son de un lúdico-festivo que echa de espaldas. Efectivamente. Que la vida son cuatro días y los dos del medio tenemos la regla. He comido, he bebido y me he reído todo lo que mi cuerpo da de sí.

Aunque lo que me llevo de esta incursión hispalense es que he descubierto algo que sospecho va a apasionarme a partir de ahora. Para escapar del bochorno y por hacer el guiri como D. manda, nos metimos en un tablao flamenco: 4 catalanes sin repajolera idea de diferenciar una bulería de una soleá, rodeados de turistas igual de perdidos que nosotros (¡¡menos los japoneses!! ¡¡menuda cultura flamenca tienen los tíos!!), y con la única intención de echar la tarde. En parte porque era típico y sobretodo porque en la calle hacía un calor que salían las ranas con cantimplora. Así que 30 euros y p’adentro ... nos colocaron en unas sillitas bajas con una micromesa en la que con trabajo cabían 2 vasos de tubo, y en un hermanamiento tal que no podías ni suspirar por no clavarle la lorza al de al lado ... un rato de jajajás y “menuda horterada” cuando de repente se apagó la luz.

Una guitarra española empezó a puntear, un cante profundo surgió suave y aumentó gradualmente su tonada hasta inundarlo todo con su potencia, y en la penumbra asomó una bailaora. Traje negro, expresión de sufrimiento en el rostro y furia en los tacones.

Me entusiasmó desde el primer momento.

No podía parar cuando empezaron a brotar las lágrimas, me emocioné hasta el tuétano. Me giré en un momento pensando que los cabrones de mis acompañantes me iban a hacer pasar las de Caín con el correspondiente cachondeíto, y me sorprendí al darme cuenta de que estaban igual de embebidos en el espectáculo que yo. Sin tanto moqueo (yo es que soy de lágrima fácil) pero igualmente atrapados.

Fueron dos horas en las unos cuantos artistas se fueron turnando para tocar, cantar y bailar diversos palos: alegrías, soléas, seguiriyas y tientos ... no me digais cuál es una y cuál es otra, todavía no lo sé aunque pienso aprender. Uno de los bailaores me arrebató tanto, tantísimo, que me dolían las palmas de tanto aplaudir. Lloré, palmeé, vitoreé y disfruté hasta decir basta.

Ahi os dejo eso ... no me digais que no pone los pelos como escarpias ...

jueves, 22 de julio de 2010

AMBULANCIAS

Un buen amigo me contó que cuando era estudiante trabajó, entre otras cosas, como copiloto en un servicio de ambulancias. Parece ser que este curro le proporcionó las experiencias más aluncinantes de su vida, porque si bien hacia servicios fijos, como llevar a una hora concreta a alguien a diálisis, por ejemplo, había veces que hacía urgencias o de simple traslado de un sitio a otro. Hubo una historia que al escucharla, supe que jamás la olvidaría.

Había un anciano ingresado con rotura de fémur y el traslado a domicilio tenía que ser en ambulancia. Les tocó hacer ese servicio. A la hora convenida fueron al hospital a recoger al abuelo. Éste no estaba aparcado en la puerta como era de costumbre en una recogida. Fueron al mostrador a preguntar y les dijeron que quizás aún no había bajado de la habitación. Iban con el tiempo justo, así que subieron a indicar a los familiares que era necesario ir pasando. Al llegar a la habitación el hombre estaba sentado en una silla de ruedas, solo. Pensaron que los familiares habían ido a realizar los trámites para el alta hospitalaria, pero el anciano les dijo que no, que nadie de su familia había aparecido por ahí. De nuevo fueron a preguntar y les indicaron que podían llevárselo porque el alta médica estaba firmada y que los familiares estaban al corriente de la situación. Así, pues, se llevaron al abuelo a casa.

Me comentó que durante el trayecto parecía asustado, como si lo llevaran al matadero. No decía nada, pero que había en sus ojos un poso de melancolía y tristeza que jamás pudo olvidar. Al llegar al domicilio se encontraron que nadie abría la puerta. El anciano no decía ni mú. Llamaron al timbre varias veces y le preguntaron si él tenía llaves, a lo que contestó que no. Tenían que agilizar esa situación porque les esperaba un servicio fijo y no iban a llegar. En aquel momento llegaba un vecino y, después de saludar cariñosamente a su vecino inmóvil, les dijo que la familia se había ido de vacaciones el día anterior, y que además, el abuelo llevaba más de dos años viviendo en una residencia. A todo esto el hombre no abría la boca. No sabían qué hacer, en el hospital les dijeron que el traslado era al domicilio, pero dadas las circunstancias decidieron llevarle a la residencia. Tenían que dejar a ese buen hombre en algún lugar.

De nuevo, estando en la ambulancia volvió a mirarle a los ojos y vio a un hombre completamente apagado, abochornado por la situación, verse abandonado es duro, pero que además lo vean todos... Al llegar a la residencia salió una recepcionista a recibirles y vio como le cambiaba la cara al ver al pasajero. La mujer les decía que no con la cabeza, que no podía ser. Luego, saludó al anciano y le explicó que sus hijos habían dejado de pagar la residencia, que no podía quedarse ahí. Aquel hombre estaba hundidísimo, apenas si aguantaba ya la cabeza encima los hombros. Cerró los ojos y siguió sin pronunciar ni una palabra.
Desde la radio llamaron al hospital para advertir de esa situación y que volvían a llevarlo para allá. La respuesta fue que no era posible. Que estaban saturados y que no había camas para viejos sanos y abandonados. Les dijeron que había que llevarlo a su casa y dejarlo ahí en el portal, y que sobretodo no olvidaran llevarse la silla. Que no se preocuparan que alguien llamaría a servicios sociales y ya se ocuparían de él.

No puedo ni plantearme qué haría yo en una situación así, porque está claro que al viejo no te lo puedes llevar a casa. Él me comentó que había tenido la intención de hacerlo pero que su compañero se lo quitó de la cabeza. Finalmente, una vecina se ofreció a quedárselo en casa. Mi amigo me dijo que tuvo dolor de estómago durante días. Que no podía quitarse a ese hombre de la cabeza. Que le horrorizaba pensar que podía llegar a ser un estorbo. Al final y casi al unísono soltamos la misma frase: "pero qué jodida es la vejez!".

domingo, 18 de julio de 2010

WE LOVE YOUR SMILE, CHARLIE!!!

Saliste elegante, con pantalón y chaleco a rayas, camisa, sombrero y zapatos blancos. De tu camisa colgaba aún la etiqueta con el precio, la habías comprado esa mañana en Barcelona, más tarde nos lo contaste entre risas.
Tu banda es buena, buenísima, Unos músicos de lujo, a cual más guapo, casi te hacen sombra.......casi.
Cantas como un puto ángel, bailas mejor que "elmaikelyason", tocas la guitarra, el piano, el bajo, los tambores como te da la gana.
La suerte de ser unas 500 personas y poder tenerte a 2 metros no se repetirá, ya lo sabemos. Contemplar tus gestos y sobre todo su sonrisa radiante fue un lujo para nuestros sentidos.
Hasta te he perdonado que no me cantaras "Boxes", vale, no pasa nada Charlie, me la debes.
Tienes una gracia divina y cuando saltaste a cantar entre nosotros hubo magia, respeto y complicidad extrema.
Canción tras canción el éxtasis fue en aumento. ¡¡Dios santo, qué guapos sois, qué bien tocais, qué simpáticos!!!!.
El flipe total llegó cuando, pieza por pieza, bajasteis la batería al público y saltasteis todos a liar una batucada que me río yo de la de los Franz Ferdinand. Enloquecimos.......
Charlie, amo tu sonrisa, amo tu música, te amo a ti. Eres lo mejor que me han regalado en mucho tiempo, gracias por ponerme los sentidos del revés y el alma más grande de lo que habría soñado.
Ver cómo hay gente que se gana la vida disfrutando tanto con lo que hace y haciéndolo tan bien, sube la moral y da sentido a casi todo.
Ayer fuimos muuuuuuuuuuy felices, gracias Charlie Winston.


jueves, 15 de julio de 2010

¿LO HARÁS? (2)


Prometí seguir colonizando mi otro hemisferio infrautilizado, pero uno de los retos que me impuse no me permite desplegar mis sentidos hacia ninguna otra dirección.
Me encuentro inmersa en la consecución de ese reto, en esa búsqueda de nuevas formas de existencia. He aceptado participar en una especie de "gimcana visceral", ya sé que lo correcto es llamarle "decálogo del sometimiento", pero a mi me supone ir dejando en cada control pedacitos de mí, o al menos ésa es mi percepción inicial.
Mis sensaciones respecto a esto son tan sumamente ambiguas que, en ocasiones, me paraliza el observar en lo que me he metido, y en otras, me siento a gusto en este rol. Esto, obviamente, me produce un sinvivir importante.
Sólo tengo la certeza de que haga lo que haga no habré dejado de aprender, de pensar e incluso de decidir. Mientras pueda realizar estas tres acciones seguiré diciendo: SÍ, LO HARÉ.

miércoles, 14 de julio de 2010

AGUR

En aquél árbol donde escribiste nuestros nombres enmarcados por el símbolo de nuestro amor,
aún late nuestro deseo de llegar juntos hasta el final.
Cuando pases junto a él, y sé que lo harás, lanza un beso dulce al aire mientras recuerdas mi nombre
y todas la cosas bonitas que nos dijimos mientras fuimos héroes.
Te amo, siempre te amaré.....

lunes, 12 de julio de 2010

LA LOCURA BILBAÍNA (nunca mejor dicho)

Sí señor, hemos vuelto. No estamos ni sanas, ni salvas, ni cuerdas... Qué cuatro días, virgen santaaaaa!!!!
De todo cuanto podamos recordar, ya que tenemos grandes lagunas mentales, han quedado algunas perlas que quedarán en la antología del másqueperrerío.

1.- BBK Festival, sin lugar a dudas, debe ser nuestra cita anual, sin discusión.
Qué gozada! Es uno de los sitios más flipantes para estar en un concierto, lo tiene todo: buena música, buena gente, ladera farlopera, menos calor que en el resto del mundo... Y claro, te dejas llevar, y se bebe como si no existiera un mañana. Pero el jodido "mañana" existe, y te llama a la puerta, y tú no estás ni pá recibirle ni pá ná. Les tocó el turno a Rammstein y con ello el desenfreno total. Ciegas, cieguísimas, viendo y oyendo a los alemanotes cachas en su espectacular lujuria de decibelios y pirotecnia. Y cuando todo estaba encendido se puso a llover, a diluviar. Qué increíble sensación la de estar bailando bajo la lluvia con ese sonido ensordecedor, formando parte de una macro fiesta de misses i misters camisetas mojadas. Fue IM-PRE-SIO-NAN-TE. Glorioso. Incluso la parte más trágico-cómica, como la de perder las gafas en pleno desenfreno, acabó siendo de risotada. Y es que nos creemos que aún tenemos las tetas turgentes como cuando teníamos 20 años, y no. Kittyfollen se quitó las gafas poque con la lluvia no veía nada, y la muy ilusa se las puso en el canalillo, colgaditas como si estuviera dando una vuelta por el Retiro, ¡pero es que estaba saltando y moviendo la cabeza como una posesa!, así que las gafas salieron disparadas (tampoco se sabe muy bien cómo se dio cuenta que las había perdido porque entre el ciego etílico y el real era para no darse cuenta). Y allí estábamos, con los mecheros, como los enanitos de Blancanieves buscando unas gafas entre miles de pies y personas, con los melenudos diciéndonos que qué estabamos buscando. Y es que Kitty casi se deja los ojos en Bilbo. Finalmente una alma cándida las encontró antes de pisarlas y se las guardó por si encontraba al Mr. Magoo que las había perdido. Kitty se puso tan contenta que sólo le faltó ponerle un piso al muchacho.

2.- Con tanto meneo y bailoteo, sin haber cenado y habiéndonos empotrado más litros de cerveza de los que deberíamos, entramos en modo ataque de hambre on. Algunas más rabioso que otras, pero hambre al fin y al cabo. Al bajar del monte rockero ya vimos que las posibilidades de encontrar comida eran muy bajas o nulas, pero no somos de fácil desaliento. Una vez en la pensión, Kitty vio claro que no podría dormir con el estómago vacío, así que prometió a las másques que volvería con comida, por la gloria de su madre y de todas las madres. Se dio a la calle, vacía, completamente vacía, y después de andar un par de calles sin coincidir con nadie (ni un triste perro), encontró delante la puerta de un horno a dos hombres que estaban charlando. Se plantó delante de ellos y les espetó un escueto "tengo hambre". Ella es así de clara y concisa. Subieron la persiana y la hicieron pasar, sólo podían ofrecerle cruasanes, le envolvieron 3 y quedaron en que no podían cobrarle por no se sabe qué extraña razón. El paquete se las traía, pesaba bastante. Así que al llegar a la habitación y enseñar el botín, casi nos dio un ataque de morirnos. Eran los cruasanes más grandes que jamás hubiésemos visto, ni siquiera pudimos comérnoslos enteros. Obviamente fueron bautizados y para siempre de los jamases, cuando nos refiramos a ellos, van a ser los cruasanes austrolopitecus. Es que estos vascos son la polla!!!

3.- Spa Metropolitan, nuestro salvador. Estamos para que nos lleven al desguace. El dolor de la musculatura cervical es insufrible, no podemos mover nuestras cabezas, vamos por las calles como troncos, intentando no marearnos a cada movimiento. Con apenas 4 horitas de sueño semi-reparador intentamos vivir, sabiendo que ese "jodido mañana-hoy" ha llegado. Por la tarde decidimos hacer un tratamiento de shock: visita al Spa para relajarnos y volver a ser personas pensantes.
¡Hemos conocido la gloria!
Quien haya inventado el mundo de los chorros y las burbujas se merece el nobel de la felicidad. Esos chorritos juguetones, puestos estratégicamente para satisfacer los más hondos placeres, fueron la delicia más deliciosa que se podía tener en ese momento. Aún no entendemos como no nos echaron, la gente intentando relajarse y nosotras riéndonos a mandíbula batiente con los chorros penetrándonos por todas partes: "ponte en este, así en cuclillas que te masajea la zona perianal..." Grititos de placer. Quizás nos relajamos demasiado, pero es que era muy necesario. Lo malo es que nos hemos enamorado del Sr. Spa, habrá que volver...

4.- Sinco ha vuelto bautizada como "ets una màquina de tocar el collons", o lo que es lo mismo "eres una máquina de tocar los cojones". Desde el respeto y el cariño, pero es que no para de mandar, joder cómo le pone tenernos ocupadas. Aún así parece que el término no le desagradó. Pero es que había que verla, hablando por teléfono y al tiempo dándonos instrucciones sobre si el volumen estaba alto, que si hacía calor y había que abrir la ventana... En fin, una tocahuevos encantadora.

5.- La calle del Perro, las esculturas de perritas en la escalera de la pensión del Sr. M, montones de perros paseando por la calle... Coño, es que es nuestra ciudad! estamos en casa. Hasta hemos decidido indultar a Puppy, ¿qué harían luego con la casita del perro?, estos vascos serían capaces de derribar el Guggenheim si les tocamos al chucho ... pero es que es feo, muy feo, una mácula para la raza canina. Como apunte cultural (aparte de beber, también sabemos hacer otras cosas), decir que hemos descubierto un escultor que nos ha encantado, Anish Kapoor.

6.- Callejear y beber. Dos grandes verbos que en Bilbo se conjugan sin parar. Qué cara de ociosa tiene la gente, o exportamos el modelo o tendremos que acabar yéndonos para allá a vivir (alguna de nosotras no lo descarta en absoluto). Estamos alojadas en las Siete Calles, zona peatonal que a partir de las 7 de la tarde es, literalmente, tomada por hordas de gente que bebe en la calle. Están ahí con los chiquillos correteando y ellos dándole al Txacolí y a la cervecita, qué bien se lo montan.
Hemos descubierto que Karl Sagan en estado etílico es vasco. Qué gran personaje, sólo está más o menos entero, unas horitas por la mañana. Gran profesional del bebercio.

7.- El colmo de la masqueperrez (si es que tanto desenfreno no podía ser bueno): decidimos pasar la última noche de fiesta, sin preocuparnos por el dormir. Lo suyo era quemar todos los cartuchos y teníamos unas 6 horas para dormir en el tren en clase preferente. Pues... se nos fue la mano, o el codo o lo que fuese, y pillamos tal caraja que... perdimos el tren. Nunca jamás perdáis un transporte en Bilbo. Es muuuuuuyyy complicado poder irse. Así que, sin tren hasta el día siguiente, los autocares saliendo a las 23 horas siendo en ese momento las 8 de la mañana, los vuelos saliendo por la tarde a unos precios que parecía que quisiéramos ir a Bora-Bora, y sin muchas más opciones, como Thelmas y Louises decidimos alquilar un coche. Esta fue una labor árdua y complicada, hasta le costó más de una lágrima a la pobre Lagarta. Si es que ya lo hemos dicho otras veces, en este santo país se come bien, se bebe bien, a veces se folla bien, pero se trabaja mal, muy mal.
Contactamos con Atesa por teléfono para alquilar un coche, el precio nos pareció bien e hicimos la reserva. A partir de aquí el número de despropósitos por minuto sólo iba en aumento, y el dolor de cabeza y la resaca, también. Eran las nueve de la mañana y nos dijeron que había que esperar hasta las dos, por lo menos. Pero, ¿por qué? No hay respuesta válida para esto. Si bien hicimos la reserva por teléfono, quedaron en mandar la confirmación por correo electrónico. Bien. Pues vale. Cual es la sorpresa de Salamandra, que cuando se acerca al mostrador para conocer el estado de la reserva e intentar agilizar que nos dieran el coche antes, se topa con un carapolla que sólo ponía pegas. A todo esto, ya le habían cobrado el alquiler y aún no habíamos tocado ni las llaves!!! Así que cuando el tío le soltó: "tienes que traer impreso el bonus, o reserva confirmada por e-mail o te volverán a cobrar el alquiler del coche" a Salamandra le empezaron a brotar unos lagrimones rabiosos. Quizás en un estado de menos cansacio, nos habríamos reído en su cara, pero es que no se puede aguantar, de dónde coño quería que sacáramos una impresora? Y el carapolla impasible, sin dar su brazo a torcer, diciendo que aunque no nos lo pareciera eso tenía su lógica. En fin que todo fueron facilidades. Y es que haber perdido el tren pues... sí fue culpa nuestra, pero que de repente todo se ponga tan cuesta arriba y te sientas secuestrada, y hayas pagado y te vayan sodomizando sin vaselina ni nada, duele.
La vuelta mejor ni la contamos, resacosas y sin dormir, pero eso sí, ya en el coche y pensando donde podríamos encontrar una impresora por el camino, no perdimos la carcajada.

En fin, que ha habido grandísimos momentos, muchos más de los que aquí salen, pero no tenemos el cuerpo para poder narrarlo mejor, y sobretodo tenemos la mente en un estado un poco precario. Lástima que una llamada hizo que tuviésemos que presenciar como una de nosotras se rompía por dentro y lloraba a mares, sin consuelo posible. Duele ver a alguien enamorado tener que renunciar a ese amor de la manera más zafia, con total impotencia. Se recuperará, lo sabemos bien, pero ese dolor se podía haber evitado.

martes, 6 de julio de 2010

¡¡¡¡¡BILBO, TIEMBLAAA!!!!!




http://www.visit-x.net/rammstein/

¡¡¡¡¡¡SÍ, SÍ, SÍ, SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!

Las MÁSQUEPERRAS nos vamos a Bilbo......¿por qué?
Porque nos gustan lo alemanotes con espaldas enormes y barriguitas peludas cual desfile de hormigas hasta el mismo pubis, cañeros y pervertidos, escuálidos como anélidos, con faldas de cuero que dejan intuir un paquetamen imperioso, que nos revientan los tímpanos durante dos días cada vez que vamos a escucharles, nos dejan con dolor de cervicales para una semana y nos quedamos con el alma ensanchada y los coños tan mojados que parecemos babosas.
Porque nos gusta Bilbo, la ciudad, el Guggenheim (asco de puto perro, vamos a quemarlo este finde), la Ría, las Siete calles, Barrenkale, el sex-shop Sexo Arte, los txacolís y las birras fresquitas, los pintxos a mogollón, los baretos punkis que vamos a patearnos (tengo información, chicas), la pensión de nuestro amado Sr. M, al lado de la calle del Perro, sin duda, nuestra calle, cogernos el tren hasta Portugalete y patear hasta Santurtzi donde nos esperan esas sardinicas tan ricas......
Porque somos unas perras y nos gusta pasárnoslo bien, muy bien, demasiado bien......

Másqueperras...........¡¡¡vámonos!!!

sábado, 3 de julio de 2010

FAN FATAL

Qué curioso se vuelve todo cuando los términos se invierten.
Cuando el domador se convierte en domado.
Cuando el cazador se convierte en cazado.
Y cuando el ídolo desciende del pedestal para acercarse al idolatrador.

Cuando vi que se acercaba para ver lo que había escrito en mi hombro no me lo podía creer. Gran ataque de vergüenza. Yo haciendo cola para comprar un bocata y él viniendo a ver con sus ojos lo que alguien ya le había contado.
Miró.
Leyó.
Tocó.
Y, finalmente rascó.
¿Lo has escrito para siempre?, preguntó mientras seguía rascando para ver si se trataba de una pegatina. Asentí con la cabeza. Su mirada era una suma de perplejidad, admiración y un punto de qué has hecho insensata. Intui que le incomodaba y le gustaba a partes iguales, que al admirar su frase tatuada en mi piel era como un agobio de perpetuidad y a la vez un orgullo. Me miró a los ojos y no sabía qué decirle. Cuando iba a pedirme algo, no llegó a pronunciar la frase pero había interrogación en sus cejas, nos interrumpió una fan (suya, no mía!) para pedir una foto. Le molestó, dudó unos segundos y tocando todavía ese texto en espiral dijo mascullando: "Sí, claro hagámonos una foto". Luego se fue.
Al cabo de un rato, vino su informante, y me preguntó ¿te molesta si te hago una foto?.

Parafraseándole diría que pensó:

Ganas tú el segundo asalto
y lo haces sin mover tus brazos,
esto sí fue un gran impacto.
Golpeas bien, lo haces bien.

jueves, 1 de julio de 2010

HÉROES


Un día, ya no recuerdo cuándo, tomamos carrerilla cogidos de la mano y, corriendo sin dejar de sonreirnos, dimos un gran salto al vacío esperando caer al otro lado. Mientras flotábamos en el aire, nos miramos; con la complicidad de nuestro anhelo no nos hicieron falta palabras para entender lo que tantas veces nos habíamos repetido. El reflejo de un deseo ardiente y la necesidad de amarse hasta no poder más brillaron en nuestros ojos, cargados de una emoción adolescente. Mientras brazos y piernas arremolinaban el aire aullamos desde allí arriba para que nos oyeran desde cualquier rincón. Gritamos nuestros nombres, tú el mío y yo el tuyo, creyendo que ese grito daría cuenta de la magnitud de nuestra locura. Mi nombre en tu boca, en tu cabeza, en ti. Quiero que mi nombre sea lo único que de sentido a tus días y tus noches, como el tuyo lo es para los míos. Mirando hacia abajo, el resto nos parecen desdichados, nunca sabrán lo que es quererse como lo hacemos tú y yo; nunca, ni puta idea de lo que es. Quiero respirar contigo hasta el último segundo, las bocas pegadas exhalando nuestro deseo. Que suenen canciones cada minuto que estemos juntos, bailar y gritar hasta reventarnos. Vamos, amor, estamos a punto de alcanzar el otro lado del acantilado, aquél donde nos espera el bendito nirvana. Sigue empujando tu ansia hacia delante cogido de mi mano y no me sueltes....ya no hay manera humana de escapar.
Nuestras maniobras de escapismo han llegado al final, y ya está...ya hay paz........ahora somos héroes.....


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