jueves, 31 de octubre de 2013

2013

Pues eso, ¡corre!
Hablo en serio, muy en serio, más en serio que nunca.
Corre.
Cuando corres, primero te da pereza, después vergüenza, después estás cansado... pero si sigues, empiezas a pensar. Sigues, y cada vez piensas en cosas más tontas. Sigues, y ya no piensas. Tienes un buen rollo latente. Llegas a casa y estás de mejor humor que cuando saliste. Siempre, cuando llego, los problemas són más pequeños y los amores más grandes.

Empecé a correr para no sentirme solo. Ahora, si un día no corro, me siento raro.

Correr. De verdad. Es el mejor antídoto contra los problemas. Tú corre el primer día 15 minutos, y poco a poco, cada vez más rato. Ya lo verás.

Hace unos días, hice algo precioso, una carrera de 50 Km. que ascendía 5 montañas maravillosas seguidas. Salimos de madrugada, viendo como salía el sol. Una maravilla el Turó de l’Home a las siete de la mañana. Tardé 8 horas. El buen humor me ha durado hasta esta mañana al verme la barriga.

Te quiero mucho princesa.

X


Este es el mail que he recibido esta mañana de X, en respuesta a uno mío en el que le contaba que llevo una época de mierda en la que no tengo ganas de hacer absolutamente nada, más que ver la TV y vegetar. Es una de las pocas personas en el mundo que SIEMPRE saben sacarme una sonrisa. Aunque en esta ocasión su “te quiero, princesa” ha desmontado el frágil equilibrio entre el pasotismo y la lágrima en el que subsisto. Ganaron las lágrimas.

No es por el proselitismo runner. Tampoco es porque diga que me quiere, eso ya lo sé. Y yo a él. Es porque me he dado cuenta de que fue el primer hombre de mi vida y todavía somos capaces de preocuparnos el uno por el otro 25 años después. Pasó el dolor, pasó el rencor y quedó la amistad. Las ganas de verse una vez cada tantos meses para reirnos y hablar de nosotros, de nuestras vidas y de lo que se nos han complicado, después de esos felices polvos adolescentes que pegábamos en casa de sus padres cuando hacíamos campana. Una vez nos pescaron en plena faena, por cierto ... aunque esa es otra historia.

Vivo actualmente en otro proceso de dolor, rencor y ganas de matar, y me gustaría pensar que algún día, igual que con X, todo eso pasará para dejar paso a la amistad sincera. Y lloro, porque en este momento, me cuesta un mundo visualizar algo que se le acerque ni remotamente. No quiero que esté tranquilo y bien. No quiero que las cosas le funcionen. No quiero que sea feliz ni que conozca a otra. No quiero que se le levante nunca más. Y sé que desearle todo ese mal al padre de mi hija es mezquino y cruel y egoísta y tantas cosas y ninguna bonita. Él es buena persona y un padre entregado. También sé que no me ha hecho daño conscientemente y que el mayor problema lo tiene él, con sus adentros. Sé todo eso. Pero mi realidad es ésta, mi cerebro dice una cosa y mi fluído interno, otra. Y no tengo manera de cambiarlo.

Solamente tengo ganas de que este 2013 que me ha arrebatado a mi marido, a mi proyecto de familia y a mi padre (papá, esto no te lo perdono) se vaya de una jodida vez al puto agujero del olvido.

Mientras tanto ... corrámonos unas cuantas juergas, amigas. Lo necesito.

Prometo volver

FELIZ CASTAÑADA


Todos a la mesa
todos menos tú
todos a la pista
todos menos tú
todos a la foto
todos menos tú
todos están locos
todos menos tú
todos masticando
todos menos tú
todos girando
todos menos tú
todos de piedra
todos menos tú
todos a la mierda
sobretodo tu



martes, 22 de octubre de 2013

ballenas


Envejecemos desde que nacemos. Somos un amasijo de células programadas para deteriorarse, oxidarse, desaparecer.
No me importa, al contrario, desde hace un tiempo celebro cada día vivido.

Esta tarde he empezado un curso subvencionado por el Ministerio de Sanidad, Servicios sociales e Igualdad, dirigido a los voluntarios que trabajan con gente mayor: viejos, para entendernos. Viejos que ayudan a otros viejos. Una compañera de mi grupo y yo éramos las más jóvenes de un aula con 21 personas, ahí es ná... .
Éste es un país de viejos, a la cabeza de Europa en senectud, con una pirámide demográfica que acojona y una esperanza de vida que se me antoja una bestialidad.

La clase ha sido un absoluto y rotundo puto tostón, más allá de aprender algo he perdido dos horas de mi precioso tiempo y parte de nuestros impuestos escuchando como cada uno de los asistentes explicaba su vida y miserias, sin darse cuenta de que aquello no era un grupo de apoyo al estilo de los del "Club de la lucha", sino una pretenciosa (pero poco pretendida) clase donde aprender algo, aunque todavía no sé bien qué. Y nos quedan otras seis preciosas horas por perder.

Me he aburrido, me he cabreado, he intervenido ofuscada arremetiendo (siempre educadamente, creo) contra todas las gilipolleces que iba oyendo sobre crisis, desempleo, inmigración, abuelos y nietos, la pérdida de valores, los cambios de roles, etc... .

Sólo una cosa ha llamado mi atención: las ballenas piloto.

Las ballenas piloto, junto a las hembras del género humano, son los únicos mamíferos que viven décadas después de haber finalizado su ciclo reproductor. Otras menopáusicas más.
De todos los mamíferos que existen, sí. Sólo las mujeres y esas ballenas. Muy curioso.
¿Y por qué? os estaréis preguntando....parece que es simple. Esas ballenas, por algún extraño motivo, hacen de abuelas cuidadoras con los pequeñines de su especie. Su vida, su existencia, aun no pudiendo ya reproducirse, tiene un sentido, un valor, una tarea a realizar. Cuidar, enseñar, proteger.

La concurrencia se ha exaltado cuando hemos debatido sobre los deberes de los hijos respecto a los padres. La visión carca y egoísta de que los hijos deben cuidar de los padres porque ellos lo han hecho antes me exaspera. Ellos nunca pidieron venir al mundo, no nos deben nada, su único deber es ser felices.

Al final, desesperada, aburrida y hastiada les he soltado mi frase estrella y me he quedado como nueva: "Yo no he sido madre para que mi hija cuide de mí cuando sea vieja, eso es ser egoísta y cruel. Cuando ella tenga edad para vivir su vida eso es lo que deberá hacer: vivirla. Bastante tendrá con sobrevivir y hacer la revolución. A mí que me cuiden otros cobrando o que se me coman los buitres en la montaña. ¡Pero si hasta las ballenas lo saben, joder, cómo podemos ser tan inhumanos!".

Mi compañera me ha mirado de reojo y ha sonreído. El resto me han mirado mal, incluso creo que fatal.


(Preciosa canción, se la dedico a mi hija, Àfrica, que es como un pez...para que siempre nade feliz y libre)


sábado, 19 de octubre de 2013

El jueguecito del demonio

Todas las mañanas al salir del metro el recorrido hasta al matadero lo realizo como un autómata, sin pensar, sin mirar los semáforos, solo sigo el compás de la música que atraviesa mis oídos.
Pero miro, miro mucho. Creo. Eso dicen.
Durante unos días miré mucho a una panda de obreros que trabajan para una empresa que les hace ir vestidos a todos igual: camiseta roja con unas letras blancas en la espalda en las que puede leerse STAFF y vaqueros. Me parecía gracioso ver a unos 20 tíos todos vestidos igual dentro de un local gigante desvencijado y lleno de polvo. Miraba mucho durante el rato que esperaba a que se pusiera verde el semáforo para cruzar.
La hora en la que suelo pasar por allí coincide con su hora de café y cigarro, así que muchos están en la acera apurando sus pitis, liando sus pitis, mordiendo bocatas, hablando, o haciendo todo esto a la vez que miran sus móviles. (Sí Sinco, están poseídos por san whatsapp).

No hay un solo grupúsculo humano masculino que no se precie de tener un graciosillo. El que dice tonterías a todas y cada una de las mujeres que pasan por delante suyo durante esa pausa. El que recibe collejas y que es jaleado por sus congéneres cuando consigue una sonrisa, un saludo o un que te follen idiota.
Dado que miro mucho soy un blanco fácil para los graciosillos y el de este grupo es muy gili, pero que muy gili. De los incansables, de los que te apetece insultar, o mejor aún, dejarle como un imbécil delante de todos.
Una de las mañanas me soltó algo parecido a "podrías decir buenos días guapa, que nos vemos todos los días", le dije buenos días guapa. Risita nerviosa en plan me va a joder la graciosilla ésta.
Siguiente día: buenos días guapa. Risas y comentarios de te está bien empleado.
Siguiente día del siguiente día: buenos días guapa. Mirada de odio del graciosillo y descojone general.
Siguiente día del siguiente día del pentacostés: buenos días guapa. Risas y una mano que me tiende un vaso de café con leche del Starbucks. "Te lo mereces, le has callado la boca a este plasta".

Todas las mañanas posteriores a ésta antes de entrar tarde al curro he tenido un café con leche, he compartido el humo de un cigarro y he hablado del puto juego del demonio. Mi proveedor matutino de cafeína es un yonqui del Candy Crush, como servidora. Ambos estamos de acuerdo en que es una chorrada de juego, estamos de acuerdo en que odiamos jugar, estamos de acuerdo en que hemos aborrecido las gominolas, estamos de acuerdo en que estamos muuuuuuuy pillados... y que no podemos parar. Estamos de acuerdo en que es endemoniadamente adictivo.
Él tiene la aplicación en el móvil y mientras sus compañeros desayunan, hablan de fútbol o de mujeres o de lo que sea, él juega, apura vidas de gominola como si no existiera un mañana. Le cuento que yo me he negado a eso. Nada de jugar con el móvil, no, no y no. Sería demasiado incluso para mí.

El primer día de quedarme a compartir el café, que tan generosamente me ofrece en agradecimiento por haber dejado calladito a su compañero gili, vi que estaba a mitad de partida y empezamos a hablar de niveles como quien habla de acciones en la bolsa: joder el 59 me tuvo atascada hasta pensar en renunciar, yo odio los de recolectar avellanas, a mí se me atragantó el 73, qué nervios cuando no te ayudan a cruzar los puentes!!!... En todo momento con gran corrección y sin palabras mal sonantes. Al cabo de unos días, después de habernos dado los buenos días guapa me comentó que llevaba cinco niveles seguidos a la primera y que estaba on fire total. Que andaba preocupado porque se despertaba a media noche para jugar. 
Y no pude más. Confesé que llevaba más de una semana atascada en el 70. 
- Si supiera dónde encontrar al Sr. Candy Candy le comía la polla hasta arrancarle el truco para pasar de nivel.
Mirada de estupefacción. En menos de una semana ya he perdido las formas. Intento negarme que yo haya dicho eso.
- Pues no sé... chica yo voy por el 103 así que si puedo ayudarte...bueno...que que quería decir que...
- Ufffff otro día, es tardísimo!

Ayer, después de una semana sin vernos por una gripe que me ha dejado fuera de combate, al pasar frente el local me paré en la puerta y le busqué con la mirada... Todos vestidos igual y con tanto polvo es complicado dar a la primera con el sujeto. Un colega me vio y salió para decirme que su compañero llevaba un par de días destinado a otra obra. Vaya... pues nada.
- Oye, solo una cosa...si le ves, ¿podrías decirle que conseguí pasar el nivel 70 sin comerle la polla a nadie?
Esta mañana ya he tomado otra ruta... al menos hasta que finalicen las obras.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Nueve números

Sacó su teléfono móvil del bolsillo y buscó apresuradamente el nombre entre los contactos. Allí estaba. Sin pestañear apretó en "opciones", deslizó el cursor hasta llegar a "eliminar" y dudó un momento. Echó un último vistazo a aquellos nueve números que tantas veces había marcado en los últimos cuatro años. Respiró hondo y ejecutó: "eliminar". Un leve escalofrío recorrió su interior como en caída libre.

"Eliminar", qué verbo tan radical, le gustó.

Aquellos nueve números seguían grabados en su memoria, pero sabía que sólo era cuestión de tiempo que uno a uno se fueran difuminando.

Primero aparecerían las dudas, ¿era un 2 o un 5? Después de unos minutos volverían a estar diáfanos en su compartimento estanco con otros números de teléfono importantes, resistiéndose a ser olvidados. Pero cada vez el recuerdo se tornaría más débil, frágil, disperso ... 

Esa misma noche, mientras tomaba una cerveza con sus amigos, los nueve números asaltaron su conciencia desde el inconsciente. "Aún siguen ahí", pensó. Respiró aliviada, aún sabiendo que sólo era cuestión de tiempo, que desaparecerían. "Pero hoy no".

Al cabo de unas semanas la mayoría de esos nueve números se habrían borrado por completo de su mente. Quizás en ese momento le asaltarían unas terribles ganas de saber si él aún pensaba en ella, si aún la amaba.

Pero justo en ese preciso instante, cuando quisiera marcar su teléfono y ya no fuera capaz de recordarlo, justo ahí, sabría que el olvido ya hacía tiempo que había empezado. 

Y que así debía ser. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Batallas perdidas




Entro en la oficina de la caja "X" como una exhalación, intento poner cara de mala ostia pero no me sale, porque la chica que siempre me atiende me cae muy bien y en cuanto me ha visto se ha levantado y me ha dicho "¡¡He estado pensando en ti todo el fin de semana!!". "¡¡Yo también, pero no sé si como te habría gustado!!", le he contestado...

- Me he pasado el fin de semana sin poder sacar pasta de ningún cajero en Barcelona, y tú me habías dicho sólo dos días antes que no tendría problemas con la libreta. Suerte que tengo unas amigas que son la ostia, porque sino tengo que volver a casa andando, no tenía ni para coger el tren de vuelta.
-¡Lo sé, lo sé! te lo dije, pero justo este fin de semana han estado cambiando el sistema de todos los cajeros, por lo de la fusión con el banco "X", y yo no podía saberlo, pero me he acordado cada día de ti, esperando a que vinieras para aguantar el chaparrón.
-Es que, además, el domingo, en casa de una amiga que me había financiado todos los jolgorios, quise transferirle la pasta desde la banca on-line, y resultó que, como también han cambiado todo eso, me pedía un código que, supuestamente, me habían enviado al móvil, pero me di cuenta de que ponía el número antiguo y cuando quise cambiarlo, para poder hacerlo, me volvían a pedir el puto código que me habían mandado al otro....a ver, igual es que soy tonta, pero...¿cómo voy a tener nada que me hayan mandado a un teléfono que ya no tengo y para cambiarlo me lo vuelven a pedir? ¿somos tontos o qué pasa?
-Bueno, ahora lo miramos y te lo arreglo. Ven, vamos al cajero nuevo y te explico cómo va.
-Grrrrrrrrrrrrr.....vamos.
(Operamos, saco pasta, me explica las novedades,...)
-Pues ahora podrás sacar dinero del cajero también con el móvil.
-¡No jodas!
-Sí.
(Saco mi zapatófono del bolsillo del pantalón y cuando lo ve abre mucho los ojos, me mira y me dice...)
-No, con "eso" no podrás, claro.
-Ya, me lo temía...
-¿Y una tarjeta de débito? ¿por qué no la pides? ¿y un Smartphone qué tal?
-¿Por que no quiero?
-Vale.
-Bien.
-Ya ni te pregunto si tienes whatsapp, claro.... jejejejeje.
-¡Ni me lo nombres! Que vengo ofuscada y el tema me tiene hartita. Ayer acabé un artículo de opinión para la revista "X" hablando justamente de eso, estoy harta del puto Whatsapp.
-¡Ay! yo la compro cada mes, ¿no tenéis versión digital, no?
-......... (mirada furiosa)  No, es de PAPEL y TINTA.
-Vale, vale. Es que, mujer, te tienes que poner al día, sino mira qué cosas te pasan...
-He llegado a un punto que ya es por mis huevos, no me da la gana y punto. Me estoy haciendo una antitodo, me da por saco la incomunicación, la tecnología, los bancos, que nos soplen pasta hasta por respirar, ¡todo!.
-¡Jajajaja! bueeeeeno, tranquiiila, si entiendo lo que dices, pero es alargar lo inevitable ...
-Grrrrr... eso ya lo veremos, el día que dejen de funcionar las máquinas a ver qué coño hacemos, si ya no sabemos ni hacer la O con un canuto, joder, somos esclavos de las tonterías más grandes inventadas ... .
-Pues el banco "X" tiende a hacerlo todo con poco papel, a suprimir lo físico.
-Vale, pues cuando una máquina haga TODO tu trabajo y te manden pa casita ya veremos de qué vives.
-Ya, eso también ... .
-Aaaahhhhhmiga...¿ves?
-Grrrrrrrrrrrrrr......

Luego he ido a pagar religiosamente un pastón por la convalidación de un título que a mis compañeras de curro el año pasado sólo les costó 80€, y servidora ha aflojado 312€, cada día nos sablean más, hijos de puta, ya no saben de dónde sacar la pasta. Yo sí, ¡con mi libreta!.

(Dedico "La  Bière" del inmenso Jacques Brel a todas mis amigas, porque somos unas borrachinas (alternando podio a temporadas) y porque las amo profundamente. Puto año, acabará, sus lo juro. Brel sonaba hoy en Radio3 mientras conducía ofuscada por los mundos de dios)



jueves, 3 de octubre de 2013

El delirio de diagnosticar


Desde pequeña he sido una gran seguidora de las series de temática médica. Supongo que algo tendrá que ver con mi curiosidad acerca de los temas de salud más allá de la biomedicina, y que generalmente, los protas son tíos que están como un queso.
Nunca me planteé estudiar medicina, ni enfermería, ni ninguna de las ciencias vinculadas a la salud, pero sí reconozco haber fantaseado, que de haber escogido alguna de esas disciplinas, en imaginarme como médico de urgencias. Soy fría, poco impresionable, no tengo aprensión ante la sangre ni heridas y aguanto la presión con bastante facilidad. Pero no ha sido así. No tuve la llamada vocacional.
Cuando se estrenó House creí que estaba ante el no va más de las series médicas. La primera y segunda temporada me fliparon, literalmente. A la tercera perdí todo el interés, me parecía que habían estropeado al personaje y los casos en pos del cretinismo sin más. Pero algo me fascinaba por encima de todo: el trabajo en equipo para los diagnósticos diferenciales. Estaba convencida que eso no se aplicaba en la sanidad patria, que era un modelo muy americano y que además favorecía mucho las tramas para dar mayor dramatización.

Pues no. Resulta que sí se realizan este tipo de prácticas para diagnosticar, y cuando eres el sujeto diagnosticable...te conviertes en alguien muy pequeño mientras hablan de tus cosas como si tú no estuvieras ahí presente.

Después de tres meses de tratamiento para una enfermedad catalogada "rara" (lo fácil no es lo mío) sin que los resultados sean los esperados,  un médico que me fue presentado como el doctor House catalán, me cita en el departamento que dirige en uno de los grandes hospitales de Barcelona. No puedo seguir tratándote desde mi consulta privada, necesito ayuda de mi equipo. Si esto ha fallado no tengo la más remota idea de qué te está pasando. Deja la medicación y mañana a las 8:30 te espero en el hospital, llámame al móvil cuando llegues y ya te indicaré qué tienes que hacer.

No imaginaba a las 7:00 de la mañana, mientras me duchaba, que el tío iba a montar semejante tinglado. Me había comentado que quería la oponión de una colega suya, pero en ningún momento me había dicho que iba a ser el objeto de deseo de 4 médicos especialistas y 3 residentes coordinados todos por él. Marco su número al tiempo que hago cola en el mostrador que él me indicó el día anterior. Dile a la persona que te atienda que abra una urgencia, que prepare un despacho y que yo ahora bajo. Digo que sí a todo aunque pienso que no se trata de una urgencia, si después de un año y pico de peregrinación a distintos especialistas no me he muerto...muy urgente no me parece.
Una mujer con bata blanca dice mi nombre en voz alta desde la puerta de un despacho. A partir del momento en que tomo asiento todo se torna delirante. Me comenta que a partir de ahora ella llevará mi caso, que House coordinará a todo el equipo, y que pedirá la colaboración de todos los compañeros para desentrañar qué coño (literalmente usó la palabra coño) debe ser esa mancha.
Hacemos juntas el historial y luego empieza el desfile de personas con bata blanca por delante de la mesa del despacho. Toman fotos, tocan, miran los resultados de pruebas realizadas hasta la fecha... Parece el camarote de los Hermanos Marx hasta que llega House y nos pide a todos que nos traslademos a una sala grande de reuniones.

Veo escribir en una pizarra palabras procedentes del latín con nombres que acojonan, oigo diagnósticos que preferiría que no se confirmaran jamás, discuten, argumentan... y a mí me parece ver en las comisuras de sus labios una babilla que se les escapa del placer. Los residentes se entregan a tope, demuestran los conocimientos aprendidos con cierto toque de prudencia y siempre esperando la aprobación en la mirada de sus tutores. Uno que no debe haber llegado siquiera a la treintena, con aspecto de empollón, lleva un buen rato empecinado en mi zona genital. ¿Estás segura que no tienes rojeces, inflamación, secreciones (más allá de las normales)?. Repito una y otra vez que mi zona genital está en perfecto estado, y que no es por llevarle la contraria pero que no veo la conexión entre mi brazo y mi vagina. Los demás no apoyan su teoría, pero él insiste en preguntar por mis relaciones sexuales...hasta que deja de preocuparse por si me pica y me pregunta directamente por mis relaciones sexuales. Solo son las 10:00 de la mañana, no he desayunado y me coge con la guardia baja. Con total desparpajo le pregunto qué quiere saber, si necesita número de polvos, de polveros, frecuencia... estoy dispuesta a rajarlo todo. El mozalbete se sonroja ante mis palabras y las risas del resto de interrogadores y solo atina a decir que no, que no será necesario, y termina preguntando si realizo las revisiones ginecológicas puntualmente. Caso cerrado, mi alien no es de origen sexual (¡¡¡pues claro que no!!!).

Después de más de tres horas de debate e interrogatorio acalorado, confiensan andar más perdidos que antes de empezar. Alguien levanta la mano y pide una biopsia para poder afinar mejor. Consenso absoluto. Volveremos a vernos en quince días cuando tengan el resultado.
Si yo hubiese sido una persona del equipo, me lo habría pasado en grande. Si eso fuese un espectáculo en el que poder entrar pagando entrada, me tentaría. Haber estado ahí siendo arte y parte, mejor dicho, la peor parte, me ha dejado una sensación curiosa y terrible a la vez.
Más allá del caso clínico, que les pone perracos perdidos, ¿era necesario dejar todo un departamento sin especialistas para atender mi caso conllevando ésto más de tres horas de retraso en las visitas concertadas?; ¿es necesario que en mi ficha ponga "paciente preferente"?; ¿qué sacarán con este diagnóstico?
No nos engañemos, yo no soy la descendiente de Anastasia, no tengo enchufes ni padrinos (me consta que las listas de espera ahí son de más de cuatro meses), no conozco a House más que de habernos visto en la consulta tres veces... todo me huele a aprovechamiento, a que han encontrado una cobaya que les ayudará a publicar porque no hubo ningún atisbo de calor humano.
¡En qué mierda de ciencia deshumanizada se ha convertido la medicina!

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